Dos Municipios

jueves, diciembre 17, 2009

1. En el Partido de San Isidro ha aparecido un vándalo apellidado Chamatrópulos que con el objeto de hacerse conocer con miras a las elecciones municipales de 2011, no ha tenido mejor idea que pintar las paredes de los vecinos con inscripciones hechas con aerosol. Desde acá, yo quisiera decirle al señor Chamatrópulos que la mejor manera de darse a conocer es hacer propuestas, no cometer actos de vandalismo. Sin embargo, y suponiendo que este señor tendrá ya comprados unos cuantos aerosoles, quisiera proponerle que los aproveche pintándose el ocote; y si no le gusta el resultado siempre podrá limpiárselo con thinner. Si la experiencia no le place, que lo piense dos veces antes de andar jodiendo a los vecinos que pretende que lo voten.

2. Desde la Ciudad de Buenos Aires han lanzado una campaña en pro del cuidado de la limpieza de la ciudad. Eso no tendría nada de malo. El problema es que el mensaje es bastante tonto; en lugar de proponer un cambio de conducta de los vecinos, la campaña propone una especie de control ciudadano en la que unos deban vigilar que los otros hagan lo correcto. Casi como perdirle a uno que sea un buche. además el uso de la interjección Ey en lugar de las habituales Eh o Che me parece una pelotudez atómica. Yo creo que más allá de que deberían apuntar a un cambio personal, podrían desde la municipalidad hacer una campaña que seguro sería eficaz: Sabiendo de la existencia de los servicios de inteligencia del gobierno municipal, podrían lanzar unos spots publicitarios con lemas del tipo Juntá la caca de tu perro o sos carne muerta, Ciro sabe dónde vivís o No tires los papeles fuera de los cestos o sos boleta, te tenemos controlado. El miedo siempre rinde

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La emboscada

domingo, diciembre 06, 2009

Hay cosas que es mejor no decir, hay cosas que mejor no hacer.
Un par de semanas atrás tuve una cena familiar un viernes, por esto mi novio y yo optamos por salir el sábado, aunque es el día que yo duermo como marmota y él se junta con los Flanderberg. En salir el sábado habíamos quedado, así que no me pareció extraño que me enviase un sms preguntando si íbamos a comer juntos.
Terminada mi jornada laboral, partí a casa a ducharme, emperifollarme y salir hacia Palermo, que era donde habíamos quedado.
Mientras esperaba el bondi, y maldecía en todos los idiomas por la demora, recibí otro mensaje que decía algo así como que me "esperaban" en Belgrano. El uso del plural me puso en alerta naranja, así que llamé totalmente encolerizado. Me calmó que la compañía de mi novio fuese el menos nocivo de los Flanderberg con su novia.
Llegado a Belgrano tuve que soportar algún que otro verdugueo por mi tardanza, que transferí al colectivo endemoniado que demoró más de una hora en llegar.
"Bueno, vamos a apurarnos porque nos están esperando" – escuché.
"¿Nos esperan?" –pregunté alarmado.
En efecto nos esperaban los Flanderberg en pleno. A partir de ese momento mi mal humor habitual de los sábados se convirtió en un encono tremebundo y un ansia insaciable de venganza ante tan imperdonable traición.
Llegar a la cantina fue confirmar todos los miedos posibles: el lugar era horroroso, lleno de señoras con cabelleras que parecían yelmos de un spray del infierno -cuyos efectos para la salud dudo sean beneficiosos-; los ñoños parecían haber crecido como hongos desde la vez anterior, pero no, eran la misma cantidad aunque a mis ojos eran demasiados. Como era previsible el mozo que nos tocó tenía menos onda que flequillo de japonés y el color de su pelo era de un negro sospechoso. En la mesa de al lado, había dos niñas que no cesaron de cantar cánticos de iglesia en toda la noche. Pero lo peor eran los arrumacos de uno de los ñoños con su ñoña, porque recién se habían reconciliado luego de unos días de haberse distanciado.
Silencioso, yo masticaba canelones de bronca y verdura, evitando hacer comentarios que pudiesen herir los sentimientos de la concurrencia, pero deseando aniquilarlos a todos.
Hacia el final de la noche, cuando hubimos de llamar al mesero para pedirle la adición, mi novio preguntó cuál era el mozo. En ese momento no pude más, la venganza era mía –niños, no hagan esto en sus casas- tenía el pie para ridiculizar a mi novio frente a todas sus amistades, se lo merecía por no haberme consultado si quería someterme a esa tortura a sabiendas de que no soporto a sus amiguitos; y ante la pregunta, solícito respondí.
"Es el que usa el mismo Koleston que vos". Coro de carcajadas de los Flanderberg y sus queridas.

¿Hace falta agregar que no me volvió a hablar hasta el otro día?

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Ratos

martes, noviembre 24, 2009

-Es chica, pero llena de rincones.
-Como algunos amores
–dijiste.
-Puede.

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Con eso volvimos a la normalidad. O a lo mejor fue la otra tarde cuando, sin planearlo, nos vimos en la calle y hablamos cinco o diez minutos como si nunca hubieses querido explicarme nada, o como si nunca yo hubiese esperado que las palabras fuesen más que eso.

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Yo, vos, él ¿nosotros? y ellos

viernes, noviembre 20, 2009

Nada acelera más los engranajes de mi irascibilidad que alguien me pregunte qué me pasa. No sé a qué se debe. Pero si sé que si me pasase algo y quisiera contarlo, lo haría. Si estoy callado es porque soy callado. Mi madre y mi novio no parecen comprender, después de todo este tiempo, que hablo poco porque soy así, y no porque esté preocupado, mal, dolido o enojado. Sin embargo, y no sé muy bien por qué, cuando me hacen la preguntita de marras algo nace en mi, más aún cuando un simple nada no alcanza y la pregunta se torna interrogatorio. Algo parecido a un huracán de bronca inunda cada centímetro de mi ser. Es como si un Mr Hyde, con aires de Charles Manson y Petiso Orejudo juntos, aflorase deseando acabar con la vida de quien me interroga. ¿Querés que me pase algo? Te invento alguna preocupación, si eso -extrañamente- te tranquiliza. Reconozco que no suelo contar mis problemas, pero talvez se deba a que considero que mis problemas son míos y de nadie más. ¿Una tara de mi individualismo? Puede. En otra ocasión hablaré, si las ganas no se van, del trabajo que me cuesta hablar de nosotros. Hasta ahora apenas algunas veces he logrado usar la primera persona del plural. Entonces, si yo soy yo –y no nosotros-, ¿por qué mis problemas van a ser nuestros?

Quiero y trabajo para pensar en nosotros, pero al menos reclamo que se entienda que si digo si es si, y si digo nada es nada, o que si estoy callado es porque soy así. Me niego a llenar las expectativas ajenas con problemas inventados o charlas vacías sólo para complacer. Me niego, YO me niego.

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Curiocity

miércoles, noviembre 18, 2009

Fueron semanas duras, recien hoy empece a relajarme un poco, y venia distraída sólo pensando en que tenía sed. Entre en la hiper iluminada "ciudad farmacia" y sali de ahí con una botella de gaseosa sin azucar y unas papas fritas de bolsa.
Venía un poco distraída... mire de nuevo el contenido de la bolsa y sin entender muy bien me pregunte: compre esto donde?

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De la importancia del matrimonio

sábado, noviembre 07, 2009

Marilú: -Chee, qué demacrado está este hombre. Yo lo veo muy desmejorado.
Madre: -Siii. Yo que Juanita me iba buscando otro laburo, porque el punto en cualquier momento espicha y a ver quién la mantiene.
Marilú: -Por eso es importante la libreta.

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